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Consciencia en pulpos e invertebrados

Peter Godfrey-Smith, Jennifer Mather
ÉpocaSiglo XXI · 2016
RegiónOceanía / aborigen · Australia / Estados Unidos
DisciplinaBiología

Explicación

Los pulpos y otros cefalópodos (calamares, sepias) representan uno de los casos más fascinantes y desafiantes para la teoría de la consciencia. Son invertebrados, separados evolutivamente de los vertebrados desde hace más de 600 millones de años, y han desarrollado independientemente sistemas nerviosos complejos: aproximadamente 500 millones de neuronas, dos tercios de ellas distribuidas en sus brazos, no centralizadas en el cerebro. Si tienen consciencia, su forma probablemente es muy distinta a la de los mamíferos.

Las observaciones conductuales sugieren capacidades cognitivas notables. Los pulpos resuelven problemas (abrir frascos), aprenden por observación (en algunas especies), usan herramientas (cocos como refugio), reconocen individuos humanos, juegan, tienen personalidades distinguibles. Su comportamiento sugiere planificación, evaluación, decisiones flexibles. Peter Godfrey-Smith, en Other Minds (2016), explora filosóficamente qué nos dicen los pulpos sobre la naturaleza de la mente y la posibilidad de experiencias subjetivas radicalmente alienígenas.

La distribución del sistema nervioso plantea preguntas únicas. Si dos tercios de las neuronas están en los brazos, ¿qué tipo de coordinación corporal es necesaria? ¿Tienen los brazos algún grado de autonomía sensoriomotora propia? ¿Cómo se integra eso con el cerebro central? Algunos investigadores especulan que la experiencia consciente del pulpo podría ser extraordinariamente distribuida, no centrada en un punto único, lo que es difícil de imaginar para nosotros pero biológicamente plausible.

Otros invertebrados también muestran indicios de capacidades cognitivas y posibles experiencias subjetivas. Las abejas tienen comportamientos sofisticados (danzas comunicativas, navegación, aprendizaje), aprenden tareas complejas, muestran respuestas emocionales (estudios sobre estados optimistas/pesimistas en abejas). Las langostas y cangrejos muestran comportamientos coherentes con sufrimiento (búsqueda de analgesia, evitación, cambios fisiológicos al estrés). Los pulpos, las abejas y otros invertebrados son cada vez más considerados serios candidatos a tener formas de consciencia.

Para la teoría de la consciencia, estos casos amplían el espacio de lo posible. Si la consciencia surgió, probablemente lo hizo más de una vez en la historia evolutiva (vertebrados y cefalópodos, al menos). Esto sugiere que sus condiciones materiales pueden ser variadas: no se necesita una corteza cerebral mamífera para tenerla. Esto da peso a teorías más inclusivas (como IIT, que cuantifica integración informacional sin importar el sustrato exacto) y ofrece datos críticos para teorías que limitan la consciencia a estructuras específicas.

Las implicaciones éticas son crecientes. El Reino Unido ha incluido recientemente a los cefalópodos y crustáceos decápodos en su legislación de bienestar animal, basándose en una revisión científica que concluyó que probablemente experimentan dolor y sufrimiento. Esto plantea cuestiones prácticas (cocción de langostas vivas, captura de pulpos, etc.) y filosóficas: si nuestras intuiciones morales se basan en la posesión de consciencia, debemos extender la consideración a animales muy distintos a nosotros, cuya mente no podemos imaginar.

Puntos fuertes

  • Evidencia de consciencia (o proto-consciencia) en linajes remotos.
  • Datos biológicos detallados del sistema nervioso.
  • Restringe teorías generales de la consciencia.
  • Implicaciones éticas claras sobre bienestar de invertebrados.

Principales críticas

  • Acceso fenomenológico aún más limitado que en mamíferos.
  • Definir consciencia en arquitecturas tan distintas es difícil.
  • Antropomorfización tentadora.

Conexiones con otras teorías