Etnometodología y prácticas cotidianas
Explicación
La etnometodología es la corriente sociológica fundada por Harold Garfinkel (1917-2011) con su libro Studies in Ethnomethodology (1967). El nombre es deliberado: «etno» alude a «de la gente común», «metodología» a los métodos prácticos que la gente usa para dar sentido a la realidad social. La etnometodología estudia cómo los miembros ordinarios de una sociedad producen cotidianamente, con sus prácticas discretas y muchas veces inadvertidas, el orden social que experimentamos como «natural».
Garfinkel había sido alumno de Talcott Parsons en Harvard, pero se distanció de su sociología abstracta. Influido por la fenomenología de Alfred Schütz (que adaptó a Husserl para las ciencias sociales), Garfinkel insistió en que el «orden social» no es algo dado externamente que los individuos «interiorizan» (como sugería Parsons) sino algo que los miembros «realizan» (accomplish) continuamente en sus interacciones concretas. El orden es un logro práctico, no un hecho abstracto.
Los famosos «experimentos de ruptura» (breaching experiments) de Garfinkel y sus alumnos ilustran dramáticamente esta tesis. Si en una conversación ordinaria (donde asumimos un enorme número de presupuestos tácitos compartidos) alguien de repente cuestiona literalmente todas las frases («¿qué quieres decir con ‹estoy bien›?»), la interacción se desmorona, la gente se exaspera. Esto muestra que el sentido común cotidiano está sostenido por prácticas continuas de interpretación tácita. Romperlas revela cuánto trabajo práctico invisible sostiene la «naturalidad» social.
Harvey Sacks y sus discípulos (Emanuel Schegloff, Gail Jefferson) desarrollaron desde la etnometodología el análisis de la conversación (Conversation Analysis, CA): estudio microscópico de cómo se organiza cualquier conversación ordinaria. Descubrieron principios de gran precisión: turnos de habla, pares adyacentes (pregunta-respuesta, saludo-saludo), reparaciones, secuencias. El ajuste interaccional en las conversaciones cotidianas es de una sofisticación asombrosa que pasa desapercibida a los propios participantes.
Los estudios etnometodológicos han analizado también el trabajo técnico-científico (cómo los científicos realmente producen «hechos» en laboratorios, Bruno Latour bebió aquí), el trabajo médico (diagnósticos en consultorios), el trabajo burocrático (cómo los trabajadores sociales construyen «casos»), el trabajo policial (cómo los agentes identifican «sospechosos»), la toma de decisiones jurídicas (cómo los jurados deliberan). Cada ámbito revela su trabajo interaccional invisible.
Para la teoría de la consciencia, la etnometodología aporta una perspectiva crucial: la consciencia social cotidiana no es una capacidad individual que se aplica a objetos, sino una producción continua, distribuida, práctica, intersubjetiva, que ocurre en la textura fina de las interacciones concretas. El «sentido» y la «inteligibilidad» no son propiedades internas de mentes privadas sino logros interaccionales públicos. Esta aproximación ha influido en la filosofía de la mente reciente (mentes extendidas, cognición distribuida), en los estudios de ciencia y tecnología, en el análisis del discurso, en la inteligencia artificial social. Como mostrador del trabajo concreto que los humanos realizamos en cada interacción para mantener el orden experimentado como «mundo dado», la etnometodología sigue siendo una perspectiva imprescindible sobre la consciencia social encarnada.
Puntos fuertes
- Atención minuciosa a la organización de la experiencia ordinaria.
- Metodología empírica rigurosa.
- Descubrimientos sorprendentes sobre presupuestos tácitos.
- Diálogo con fenomenología y ciencias cognitivas.
Principales críticas
- Microscopía a veces desconectada de lo macro.
- Terminología técnica dificulta acceso.
- Riesgo de relativismo.