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Pragmatismo y consciencia

William James, John Dewey, Charles S. Peirce
ÉpocaSiglo XIX · 1890
RegiónNorteamérica · Estados Unidos
DisciplinaFilosofía

Explicación

El pragmatismo es la gran tradición filosófica originalmente norteamericana fundada por Charles Sanders Peirce (1839-1914) y desarrollada por William James (1842-1910), John Dewey (1859-1952), George Herbert Mead (1863-1931) y, en segunda generación, Richard Rorty (1931-2007), Hilary Putnam (1926-2016), Robert Brandom, Cornel West. El pragmatismo ha aportado una de las reflexiones más ricas e influyentes sobre la consciencia, la experiencia y la mente.

Peirce formuló la «máxima pragmática»: el significado de un concepto consiste en el conjunto de consecuencias prácticas concebibles que tendría si fuera verdadero. Los conceptos no tienen significado en abstracto sino en sus efectos potenciales en la acción y la experiencia. Esto proporcionó una metodología para «clarificar» ideas filosóficas: reducir disputas especulativas a cuestiones sobre diferencias prácticas, descartando como vacías aquellas que no produjeran diferencias.

William James extendió el pragmatismo a la psicología y la filosofía general. Su obra Principios de psicología (1890) es un clásico sobre la consciencia: la «corriente de consciencia» (stream of consciousness) como flujo continuo siempre cambiante, el carácter selectivo de la atención, la relación mente-cuerpo, la voluntad, las emociones. James era pluralista (rechazaba simplificaciones a un principio único) y tomó muy en serio fenómenos excepcionales de la consciencia (experiencias religiosas, mística, paranormal, estados alterados), como muestra su clásico Las variedades de la experiencia religiosa (1902).

Dewey, en obras como Experience and Nature (1925), Art as Experience (1934), elaboró una filosofía de la experiencia como interacción continua organismo-entorno. La consciencia no es propiedad privada del sujeto aislado, sino fase de la interacción orgánico-ambiental en situaciones específicas. La inteligencia es capacidad de reorganizar problemáticamente la experiencia; la educación, la democracia, la ética, todas son formas de elaborar inteligentemente la experiencia colectiva.

Mead desarrolló una teoría social de la consciencia del yo: el «yo» emerge en y a través de la interacción simbólica (gestos, lenguaje) con otros. Su famosa distinción entre el «I» (impulsivo, espontáneo) y el «Me» (socializado, responde a expectativas de otros) articula cómo la consciencia de sí se constituye dialógicamente en el proceso social. Esta perspectiva ha sido fundamental para el interaccionismo simbólico en sociología.

Para la teoría de la consciencia, el pragmatismo aporta una perspectiva antidualista, procesual, funcional y situada: la consciencia no es sustancia interior sino proceso de interacción organismo-entorno; no es dato último a explicar sino función adaptativa específica; es plural, múltiple, dinámica. El pragmatismo converge con muchas intuiciones de la neurociencia contemporánea (teorías enactivas, embodied mind, mente extendida), con tradiciones contemplativas no-dualistas, con enfoques sociales de la cognición. Richard Rorty en el siglo XX extendió el pragmatismo en diálogo con Wittgenstein y con la filosofía continental, en su famosa obra La filosofía y el espejo de la naturaleza (1979). Como tradición que evita los extremos del dualismo cartesiano, del materialismo reductivo y del idealismo puro, el pragmatismo sigue siendo una de las perspectivas más fértiles para pensar la consciencia como experiencia encarnada, situada y dialógica.

Puntos fuertes

  • Integración pionera de psicología y filosofía.
  • Apertura a pluralidad de experiencias.
  • Concepción funcional-adaptativa sólida.
  • Influencia vasta en siglo XX-XXI.

Principales críticas

  • Riesgo de relativismo.
  • Tensión con realismo fuerte.
  • Algunas formulaciones pueden parecer circulares.

Conexiones con otras teorías